Muchas personas (partiendo por mi, en este caso) han de haber experimentado en más de una ocasión la frustración que produce el recibir una "puñalada por la espada" luego de una amistad, relación, etc., en que dimos todo de nosotros para que al final, practicamente no importara. Muchas veces nos ha caído la actitud o reacción de la otra persona como un balde de hielo frío y bien sólido (porque además de ser muy amargo el trago, duele ene) en la cabeza, aún cuando en nuestro interés inicial jamás estuvo esperar que el otro estuviera a la par nuestra, o nos respondiera tal cual nosotros le dábamos.
Cuales boxeadores, sincera y puramente queríamos "dar sin recibir", porque eso hacía feliz a la otra persona, y a la vez, a nosotros... o al menos, eso creíamos.
¿Que pasa entonces? ¿Por qué ese dolor tan profundo cuando la contraparte no responde a nuestro cariño de una forma similar o igual?
Sencillo. Es lo que vengo a denominar "teoría del efecto boomerang".
Aún cuando en nuestra consciencia no estuviese el deseo primario de entregar cariño, amistad, o amor a alguien en pos de recibirlo de vuelta, si existe un deseo inconsciente y constante de que ello sea retribuído de alguna forma. Una sonrisa, una caricia, un gesto de vuelta, un mimo (no del tipo de cara blanca, sino un regaloneo
), cualquier cosa de ese tipo que llenase ese "pequeño espacio" en nuestro interior que entregamos a un otro importante y significativo para nosotros, y que nos vuelva a dejar completos y regocijados de haber sido recompensados por nuestra preocupación, dedicación e inclusive, por los pequeños detalles cotidianos que marcan las diferencias en una relación. En otras palabras, "lanzamos" un algo (el "boomerang"), deseando que vuelva a nosotros, ojalá, tal y como lo enviamos (o mejor).
Pero existe un problema clave. Esa espera generalmente es silenciosa y muda, donde jamás se le hace saber al otro lo que a uno le hace falta, o lo que uno siente que le hará bien, o que le podrá alegrar, pues suponemos que la otra persona, al igual que nosotros, actúa bajo un mismo esquema y una misma estructura de acción, y generalmente no es tal.
¿Que hacer, entonces?
La clave para aprender a lidiar con esto no es odiarle, tenerle malas o martirizarse pensando lo mucho que se sufre o se pasa mal. No tiene nada de malo, salvo por un "pequeñísimo" (pero a la vez, gigante) factor esencial: uno debería utilizar este boomerang, primero y antes que nada, con uno mismo. Luego de ello, cuando uno sabe entregarse a si mismo tanto como es capaz de entregar por los otros, se aprende también a comprender que los demás son los demás y muchas veces sus prioridades parten consigo mismos, y que por ello (o por enfocar sus respectivos boomerangs a otras personas) no responden de la misma forma a nosotros, porque su forma de entregarse a si mismos es distinta a la nuestra.
Ahora... si llegamos a toparnos con alguien en nuestra misma conducta, pueden pasar dos cosas:
Cuales boxeadores, sincera y puramente queríamos "dar sin recibir", porque eso hacía feliz a la otra persona, y a la vez, a nosotros... o al menos, eso creíamos.
¿Que pasa entonces? ¿Por qué ese dolor tan profundo cuando la contraparte no responde a nuestro cariño de una forma similar o igual?
Sencillo. Es lo que vengo a denominar "teoría del efecto boomerang".
Aún cuando en nuestra consciencia no estuviese el deseo primario de entregar cariño, amistad, o amor a alguien en pos de recibirlo de vuelta, si existe un deseo inconsciente y constante de que ello sea retribuído de alguna forma. Una sonrisa, una caricia, un gesto de vuelta, un mimo (no del tipo de cara blanca, sino un regaloneo
Pero existe un problema clave. Esa espera generalmente es silenciosa y muda, donde jamás se le hace saber al otro lo que a uno le hace falta, o lo que uno siente que le hará bien, o que le podrá alegrar, pues suponemos que la otra persona, al igual que nosotros, actúa bajo un mismo esquema y una misma estructura de acción, y generalmente no es tal.
¿Que hacer, entonces?
La clave para aprender a lidiar con esto no es odiarle, tenerle malas o martirizarse pensando lo mucho que se sufre o se pasa mal. No tiene nada de malo, salvo por un "pequeñísimo" (pero a la vez, gigante) factor esencial: uno debería utilizar este boomerang, primero y antes que nada, con uno mismo. Luego de ello, cuando uno sabe entregarse a si mismo tanto como es capaz de entregar por los otros, se aprende también a comprender que los demás son los demás y muchas veces sus prioridades parten consigo mismos, y que por ello (o por enfocar sus respectivos boomerangs a otras personas) no responden de la misma forma a nosotros, porque su forma de entregarse a si mismos es distinta a la nuestra.
Ahora... si llegamos a toparnos con alguien en nuestra misma conducta, pueden pasar dos cosas:
- Que los dos esten constantemente entregándoles más y más al otro, felices los dos, y que el boomerang cada vez vuele más y más lejos a causa de la constante retroalimentación entre ambas personas, o
- Que lo mismo anterior se torne una carga, a causa de la necesidad de sentir que uno satisface las expectativas del otro (esperando que ese otro satisfaga las nuestras)
Asi que... ojo. A no olvidar nunca que la única persona con la que compartiremos eternamente cada segundo, hasta el último, es con nosotros mismos. Esto no significa volverse ermitaño o no pescar a nadie... sino que, para poder entregar bien a un otro, sin tener el vacío interno de esperar que ese otro nos retribuya o "rellene" con sus conductas, debemos tenerlo cubierto con nosotros mismos, cosa que en el momento en que un otro nos entregue parte de sí, no sea para "tapar vacíos", sino para complementar y acrecentar nuestra alegría interior.
Saludos!
